miércoles, 14 de octubre de 2009

El corazón. Giovanni y Paulina.

El corazón




Uno habla de corazones, pero la verdad es que los corazones son horribles. Pensar que la vida, el amor y la muerte se manifiestan en este pedazo de carne… ¡Asqueroso!

Uno dice cosas como: te doy mi corazón, o, mi corazón te pertenece. Cuando dicen eso, habría que responder: ¿y yo para qué quiero ese pedazo asqueroso de carne?

Lo peor es que la gente también te pide el corazón, dicen: quiero que me ames con todo tu corazón.
Muy fácil. ¿De verdad lo quieres? ¡Anda, tómalo! ¡A ver qué haces con él.

Creo que es mucho más fácil regalar una flor. Una flor es bonita, por lo menos. Huele bien.

Aunque sí hay algo en común entre el corazón y la flor. Cuando uno regala la flor, ésta comienza a morirse. Por más que la pongas en agua, en tierra, en lo que sea, esa flor se va a morir. Pronto.

Y, bueno, uno no puede nada más sacarse el corazón y regalarlo, porque…

¡Bueno! Y aunque uno no regala el corazón de verdad, cuando estás convencido de que puedes regalárselo a otra persona, también comienzas a morirte poco a poco.

Es como si tu corazón en realidad saliera de tu pecho. Si sigue latiendo o no, si vives o mueres, ahora depende de otra persona.

Finalmente, todos nos morimos así.

Porque, en sentido literal o metafórico, uno al final se da cuenta de que un corazón es un trozo de carne horrible que nadie puede querer de verdad. Es estúpido.

-Yo lo quiero. Es hermoso.

¿En serio? Está horrible, míralo. Está muy cansado. Ya casi no late. Luego no lo vas a querer y yo me voy a morir.

-No, de verdad, es hermoso. Creo que amo tu corazón. Toda mi vida estuve esperando encontrar un corazón así, que lata junto al mío. ¡Dámelo! Lo voy a tener calientito, lo voy a querer siempre. Estuvo mucho tiempo solo, y por eso ya casi no late, pero yo lo voy a cuidar. Lo voy a poner debajo de mi almohada todas las noches y luego voy a soñar con él. Le voy a dar un pedacito de mi vida todos los días hasta que vuelva a latir.

Está bien.

Él se queda sonriendo. Ella se aleja con el corazón en la mano, feliz, enamorada, pero cuando termina de cruzar el escenario, lo mira.


-¡Qué horror! ¡Un pedazo asqueroso de carne!



Lo tira al suelo, lo pisa y lo patea. Él muere.


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