Si es así,
¿por qué seguir preguntándonos por nosotros, nuestras vidas?
¿Por qué seguir midiéndonos con arena y manecillas?
La respuesta sería no tener nada más que preguntar.
Si el sol para nosotros es medida y no pura vida
¿para qué seguir preguntándonos?
Si tenemos contados los amaneceres y las noches,
¿para qué seguir midiéndonos?
Habría que encontrar un juego sexual de todos los días
como la noche y la neblina,
olvidarnos de nosotros mismos mientras lo jugamos,
de nuestras preguntas, medidas, respuestas y muertes,
y no pensar en nada más
y florecer,
y extrañar,
y fornicar,
y todos los amaneceres y todos los anocheceres
y rojo y verde y el minuto y el segundo
lunes, 19 de octubre de 2009
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